
La inactividad a la que he sometido al blog durante este tiempo no es otra que la de cansancio, desborde laboral y, lo voy a decir, que se me da mal- detesto- hablar de cosas personales en la red. Pero me veo en la obligación de pedir perdón públicamente a la persona que en este aniversario del 'mua' le regaló in iPad. Uno de esos inventos del hombre de la manzana mordida, Steven Paul Jobs .
Cuando lo tienes entre las manos te da la impresión que agarras un porta retrato, pero cuando lo enciendes...- previo paso obligado por la conexión a otro ordenador- da la sensación que es infinito... Pero se me ha quedado en un sensación. Se trata (más que me parece) un objeto perdido, una oportunidad arruinada que te cansa la mano cundo llevas más de 5 minutos con el artefacto colgando. Sí, he dimitido de el iPad: y lo he hecho tras pasarme una madrugada entera trasteando en esta desilusión que viene mordida.
Claro que de inmediato me sentí culpable: casi 700 euros que sólo sirven para mirar objetos que otros meten en internet y para bajarte programas que te cobran, si quieres que te funcionen a pedir de boca y sin publicidad. Eso sin contar que debes olvidarte de introducir una memoria externa o ver los vídeos que cuelga Televisión Española en su fantástica web, por ejemplo.
Con el dolor de quien me lo obsequió- lo se- lo devolví tras pasar una noche entera sin conciliar el sueño porque me daba vueltas y vueltas la cabeza. Es la primera vez que me siento liberado al devolver un artilugio de lujo y que además funciona. ¿Será la responsabilidad que te da la edad? Si alguien me responde se lo agradezco. Aunque, para terminar de ser franco con migo mismo, estoy en una fase en la que me satisface más un viaje y el sexo que un iPad de 700€, que hace lo que le da la gana y no me deja dirigir la orquesta, que es lo que a mi me gusta. Sigo con mi ANDROID.
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Además, hoy es tecnología punta en la que te has gastado un pastón y dentro de unos pocos meses estás desfasado de la muerte.