
Los niños, siempre ellos. Te sacan de quicio cuando no dejan de corretear por la casa gritando sin parar: Te dan ganas de que tengan pilas y un interruptor para desconectarlos. Pero que buenos son dormidos. Yo quiero que crezcan y que recapaciten. Recapaciten por sus mayores.
Buscando y buscando una foto llegada de Gaza que me hiciera perder el sueño, me encontré con los niños de Uganda. A ellos los Reyes de Oriente también le han dejado regalos, lo que pasa es que ese regalo es imaginación: un envase de plástico y unos tornillos basta para alumbrarles el camino. (Mira las fotos).
Ya se por qué son magos los de Oriente. Qué facilidad tienen para joder la vida a unos y brindarles abundancia a otros. Deseo (casi exijo) que cuando un día mis hijos descubran la verdad de todo este mundo , al menos salgan a la calle a gritar bien fuerte que nadie merece ser una diana por el mero hecho de tener un vecino con el patio lleno de tanques, aviones y bombas a punto de oxidarse.
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